viernes, 13 de febrero de 2015

¡Kausachum Máximo Damián… wiñaypaq!



Las notas agudas y estremecidas de su violín no volverán a sonar. Máximo Damián, el músico entrañable, que sonaba como las aves, como el agua, como el viento, porque de ellos aprendió las notas musicales, ha muerto.
Se va discreto, humilde como siempre fue. Como aquel niño que llegó de Lucanas a Lima con 20 soles y la angustia del migrante en el corazón.
El folclor peruano enmudece, su violín diáfano, acerado y mágico, que supo del prodigioso encuentro de los danzaq ayacuchanos con los Apus y los puquios, su violín que llegó a esas alturas en que la naturaleza habla al corazón para tomar las notas musicales de ella misma.
Su violín llegó a esos lugares recónditos, desolados, solitarios en que late el Perú mismo. Lugares en que el violín y el arpa europeos se encuentran en la más feliz sintonía con las andinas tijeras buscando respuestas en un eterno desafío. Ahora calla para siempre.
Se fue para siempre el violín que emocionó al taitacha Arguedas en el viejo coliseo de Lima, lugar de encuentro y nostalgia de migrantes, donde surgiría su amistad y admiración mutua, que llevó a Arguedas a dejar indicaciones para dedicarle su obra “El zorro de arriba y el zorro de abajo” publicada póstumamente: “A Emilio Adolfo Westphalen y al violinista Máximo Damián Huamaní, de San Diego de Ishua les dedico, temeroso, este lisiado y desigual relato”. Diría en entre las instrucciones que dejó en carta a su editor en Buenos Aires.
En otras instrucciones póstumas pidió que Máximo Damián toque en su entierro. Y así lo hizo, con lágrimas en los ojos.
Pero se fue, ya no está más y murió en la sala de emergencias del Hospital Rebagiatti, por que no “había camas” disponibles, para él, ante la indiferencia del Ministerio de Cultura, en una gestión que sin duda no comprende, porque no puede, al Perú y su fisonomía espiritual.


sábado, 24 de enero de 2015

Algunas precisiones en torno al Concurso de Marinera Norteña de Trujillo



Asistimos  este fin de semana a una gran fiesta, un movimiento popular y folclórico que como ninguno atraviesa por igual y sin distinción todas las clases sociales. Se trata del multitudinario Concurso de Marinera Norteña de Trujillo organizado por el Club Libertad.
Los participantes llegan de todo el Perú y de muchas partes del mundo donde luego de un proceso de selección complicadísimo acceden al olimpo de la Marinera Norteña.
La Marinera como sabemos tiene su origen en Lima, la vieja Zamacueca, que en el siglo XIX era el baile más popular de Lima y que es descrita con entusiasmo por diversos viajeros y cronistas, cambiará varias veces de nombre antes de ser bautizada en forma definitiva por Abelardo Gamarra como Marinera, en homenaje y recuerdo de la heroicidad de nuestra Marina en la Guerra del Pacífico.
Es esa expresión folclórica limeña la que viaja por todo el Perú y en cada lugar va tomando características propias de la idiosincrasia local y transformándose. Surgen así la marinera arequipeña, la ayacuchana, la puneña y entre otras muchas versiones y en forma muy tardía la marinera norteña.
Es por ese motivo que se dice que la Marinera es nuestro baile nacional, por su presencia en todo el país y la forma en que se ha adaptado a cada lugar.
Con estos antecedentes es propio señalar que el magnífico concurso que nos encandila cada enero desde Trujillo y cuya transmisión televisiva por el canal del estado alcanza picos impresionantes de rating, debiera llamarse Concurso de Marinera Norteña y no como se llama Concurso Nacional de Marinera.
Otro tema polémico, consolidado a partir del Concurso,  es por qué se ha hecho regla general el uso obligatorio del sombrero en el hombre y la también obligatoria presencia de la mujer descalza. Ni uno ni otro tendría por qué ser así. Cuando se observa fotografías de los primeros concursos en Trujillo hace ya más de medio siglo, se ve a las mujeres con zapatos y traje de calle y a los hombres sin sombrero. Sin duda que los puristas de lo nuevo, los fundamentalistas de folletín pondrán el grito en el cielo ante estas “atrevidas” afirmaciones.
Está claro que también el Concurso es un gran negocio para las academias y que ellas son las responsables de muchos de los desaguisados que podemos observar. Como la tendencia a convertir un hermoso baile de pareja, de gran sensualidad, en una muestra cada vez más arbitraria de maromas y acrobacias, en las que la pareja es casi lo último, pues vemos como los hombres buscan el lucimiento, cosa antes impensable y bailan por su lado mientras las mujeres, también por su lado, se entregan  a una vorágine de vueltas y contra vueltas y a una loca carrera de requiebros y falsas sonrisas.
Mención aparte merece el malhadado concurso de coreografías. En primer lugar siendo la Marinera un baile de pareja, mal se hace en convertirlo en un pasacalle o en una coreografía masiva.
Esto sin embargo, deviene en secundario cuando apreciamos muchas veces con vergüenza ajena lo que las escuelas y academias presentan en esta parte del concurso. Hemos visto, soldados, policías, caballos de cartón, monjas, curas, a la dama de Cao, pescadores, niños y abuelos en las más desenfrenadas coreografías y los más disparatados vestuarios que en la mayoría de los casos son lo más lejano a una verdadera marinera. Esto por no decir nada de la pobreza literaria de los textos que se teatralizan, haciendo de esta parte algo de nivel escolar e indigno de una movilización nacional como la que el concurso de Marinera Norteña de Trujillo implica.
Es menester dar marcha atrás. Eliminar esta parte del concurso, que además a juzgar por las graderías vacías que siempre le sirven de marco tampoco es del gusto de las mayorías.




jueves, 27 de noviembre de 2014

El Folclor y su falsa evolución

Distorsiones en la Marinera Norteña

La concepción del folclor como algo vivo admite que en el devenir del tiempo este vaya incorporando algunos elementos y también evolucionando en algunos aspectos. Sin embargo el criterio de esta “evolución” no puede ni debe ser el comercial, ni el simplemente estético.
El folclor abarca las tradiciones, formas de actuar y conocimiento popular que compone a la identidad de una comunidad, tiene que ver con el modo de ser de un pueblo. Lo que lo identifica como unidad de tradición y destino.
Cuando hablamos de folclor en relación a la danza, nos referimos al hecho cultural mismo de la práctica de esa danza en su contexto cultural y toponímico. Cuando la llevamos a un escenario automáticamente deja de ser folclor en su estado puro y se convierte en la proyección estética del mismo. Por ejemplo una danza agrícola que se ejecuta para determinada cosecha en alguna parte de la serranía del Perú, cuando es ejecutada en un escenario de Lima. Ya pasó por el tamiz del coreógrafo, se le hizo un montaje para ser apreciada en un escenario, etc. Ya no es folclor en el sentido estricto del término sino proyección.
La Marinera es el baile nacional del Perú, esto debido a que se le baila en todo el país con características e influencias de cada lugar, así es que tenemos la Marinera Limeña, que es la original y que viajando por el Perú va adaptándose a cada lugar y dando inicio a la Marinera Arequipeña, a la Puneña, la Ayacuchana y también a la Norteña. Siendo esta última también notablemente influenciada por el Tondero.
Lo cierto es que la Marinera Norteña, debido a la espectacularidad de su ejecución ha ido creciendo y ganando gran cantidad de adeptos. La popularidad la ha llevado a que se baile en muchas partes del mundo, a tener un gran concurso en Trujillo que es esperado con ansias por multitudes.
Lamentablemente esa popularidad la ha convertido también en un gran negocio y es así, que su evolución no responde a hechos culturales y folclóricos en el buen sentido de la evolución, sino que responde a criterios estéticos, a presiones del escenario, cuando no al mero lucro.
La Marinera es un baile de pareja, de coqueteo, de seducción. La Marinera es un baile en que ha de lucir la mujer y el hombre ser un complemento. El papel del hombre ha de ser de seducción pero discreto en la ejecución del baile, la protagonista es la mujer, es la que debe brillar y lucir. En los últimos tiempos venimos viendo a ejecutantes masculinos que disputan el protagonismo a las mujeres, con un baile lleno de acrobacias, cabriolas y mohines impropios del buen bailarín de marinera
Siendo un baile de pareja nunca debe ejecutarse masivamente en coreografías y sincronizadas, porque se mata la espontaneidad y la sensualidad que debe tener. Los movimientos sincronizados y las coreografías no son recomendables en bailes de pareja. Obviamente tampoco es propio bailar con un caballo o cualquier otro tipo de animal.
Lo más lamentable es cuando esa creatividad desbocada nos lleva a buscar el aplauso fácil destruyendo la esencia misma del baile, es decir su condición de baile de pareja. Esto llega a su máxima distorsión cuando se ve bailando por ejemplo hombres solos. Es el caso de un reciente invento llamado Zapateo Trujillano, especie de contrapunto en que bailarines hombres ejecutan zapateos de Marinera Norteña solos y en contrapunto, acompañados de un cajón. Lamentablemente su espectacularidad llama al aplauso cómodo de un público ávido de tradición y que sin saberlo rubrica con sus vítores el deceso de una gran tradición y la destrucción del folclor.

lunes, 17 de noviembre de 2014

La Fiesta de la Candelaria patrimonio inmaterial de Puno y el Perú y la estéril pretensión boliviana de negarlo

“...el desfile de las danzas puneñas en las calles y Plaza de Armas de Puno fue el espectáculo más impresionante y cargado de significado que vi nunca...”
José María Arguedas 

Puno espera febrero todo el año. Los vecinos de los diversos barrios unidos en cofradías y asociaciones  han ahorrado sol a sol para estrenar nuevos trajes en su fiesta mayor. Los artesanos y bordadores trabajan sin descanso dando los últimos toques a las máscaras y trajes que por miles tomarán las calles para danzar ante la mamita Candelaria.
Los ensayos dan la nota festiva durante varias semanas cuando por las noches van juntándose las comparsas en los barrios, obviamente que divididas en partes ya que algunas de ellas están conformadas por 1500 o 2000 danzarines y la música y las danzas altiplánicas hacen vibrar a las familias que ya sueñan con la fiesta,  con las visitas, con los parientes y amigos que vendrán desde lejos para disfrutar de los potajes de su imponente gastronomía y bailar ahí, en las aturas de Puno, cerquita al cielo, ante nada menos que la mismísima Madre de Dios.
Las bandas de músicos también ensayan y el sonido armonioso de las morenadas o la fuerza de una diablada viajan por los aires llevando sus festivas tonadas por toda la ciudad que ya se apresta a celebra como Dios manda. Pronto serán miles y miles  los músicos que unan sus acordes en interminables jornadas de fiesta, jolgorio y también devoción. 
Los Sikuris con su fuerza milenaria y las danzas nativas con sus instrumentos ancestrales son el otro lado de la fiesta, el mismo arraigo telúrico que estremeció tan definitiva y profundamente a Arguedas.
Según el Texto de la Convención para la Salvanguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO, se entiende como   “patrimonio cultural inmaterial” los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas -junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes- que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural.
La definición es clarísima. Quién podría dudar que tan arraigada fiesta que desde hace tantos años cada febrero convierte Puno en el epicentro de la cultura tradicional de América,  es patrimonio inmaterial de Puno y el Perú.
Más aún cuando el expediente presentado a UNESCO no se refiere a las danzas sino al hecho cultural de la fiesta íntegra, los usos y costumbres que la rodean, las tradiciones que la integran.
Bolivia reclama en un gesto insólito la propiedad de algunas de las danzas y señala que el Perú no se puede solicitar la condición de Patrimonio Inmaterial de la fiesta de la Candelaria porque se ejecutan esas danzas. 
Olvidan en ese acto nuestro origen común. Olvidan que bien vistas las cosas ellos recién empiezan a formar una identidad diferente a la nuestra cuando en 1826 el megalómano Bolívar, que tanto daño nos hizo, firma en Lima un decreto reconociendo la independencia del Alto Perú. Olvidan que algunos de los más antiguos trajes de diablada que se conservan en Oruro tienen bordado el escudo Peruano. Olvidan que el Altiplano es uno, la Nación Aymara es una y su cultura es común a Bolivia, Puno y parte de Chile.  
El Perú grande y generoso no olvida nada de eso y sabe que compartimos un patrimonio, pero también sabe que la fiesta de la Candelaria, la más grande manifestación patrimonial de cultura tradicional de esta parte del mundo es puneña y peruana. Condición que estamos seguros que UNESCO también reconoce.

miércoles, 8 de octubre de 2014

MIGUEL GRAU: El deber cumplido más allá de la muerte






UNO

Un beso, un abrazo a cada hijo, las últimas recomendaciones a doña Dolores, su amada esposa; seguramente una sonrisa un tanto forzada para reducir la tirantez del momento, y besos y mimos otra vez. Así debe haber sido esa triste mañana en que don Miguel, el querido Miguel Grau, dejó su casa de la calle de Lescano para no volver jamás.
Así es el destino trágico de los héroes. Así son las despedidas del que sabe que va a una muerte segura.
Sin duda que mientras cruzaba el zaguán de la vieja casona, recordaba su infancia en Piura, cuando a los nueve años se embarcó por primera vez para convertirse en hombre, en hombre de mar, para mayores señas. También es posible que haya recordado mientras partía a entregar su vida por la patria su primer naufragio cuando también era apenas un niño. Así es y será la vida en el mar.
Sus últimas visiones de Lima se habrán entremezclado con los recuerdos de su boda en la iglesia del Sagrario, si, ahí mismo, en la Plaza de Armas, con la amada Dolores. Luego el nacimiento de sus diez hijos; ¡son tantos recuerdos!...
Al pasar por la Merced se habrá santiguado, como buen cristiano. Ese sin duda no fue un gesto mecánico, fue un acto consciente, de vuelta en sí, de profunda convicción; y entonces habrá recordado su última confesión con el Padre Gual , el mismo que le obsequió la imagen de Santa Rosa de Lima que lo habrá de acompañar hasta el último día de su vida en el camarote del Huáscar.
Cerrados los ojos habrá aspirado por última vez el aroma de las huertas de Lima y habrá recordado - porque el olfato está asociado a la memoria- los membrillos, el almizcle, el clavo de olor, las mieles y la mistura que daban olor a las casas de Lima, de esa Lima que ahora dejaba atrás y que más adelante será incendiada y saqueada con odio y sin clemencia por un enemigo siniestro y protervo. Pero para entonces el ya habrá muerto, ya habrá entregado su vida en el Huáscar. Pero Lima como se sabe es más que toda la miseria humana y habrá de sobrevivir para ser por siempre Lima.
Lento avanzaba el carruaje, mientras  a lo lejos don Miguel ve por última vez las Torres de San Francisco, de Santo Domingo, de la Catedral y escucha  como un triste adiós el tañer de las campanas  y habrá recordado que dice el catecismo, que cuando suenan las campanas, en el cielo cantan los ángeles.


DOS
Qué ideas habrán pasado por la mente del gran Miguel Grau aquella madrugada del 8 de octubre de 1879, cuando llegando a Antofagasta eran las tres y media de la mañana y avistó “tres humos” en el horizonte, señal inequívoca de la presencia de naves enemigas.
Dio la orden de girar al este y luego al norte, la Unión y el Huáscar navegaban juntos.
Qué sentimientos se habrán agolpado entonces en su noble corazón cuando vio al norte otros “tres humos” y supo que estaban rodeados. Cuántas ideas e imágenes habrán poblado su mente de estratega cuando ordenó al Unión escabullirse para salvar al menos una nave y disponerse en la pequeñez de su querido monitor a iniciar desigual combate.
Ya lo había advertido en Lima antes de partir: “Señores, es preciso que no nos formemos ilusiones; el Huáscar es sin duda un buque muy fuerte, pero nunca podrá contrarrestar el poder de uno solo de los blindados chilenos, pues estos tienen una coraza uniforme de nueve pulgadas y seis cañones de igual calibre que los del Huáscar (…) A pesar de todo el Huáscar cumplirá con su deber, aun cuando tenga la seguridad de su sacrificio”.
La fría brisa sureña habrá besado sus mejillas cuando ordenó abrir fuego contra el blindado chileno Cochrane, fue la última decisión de su vida, eran las 9.25 horas y transcurrieron 15 minutos hasta que una descarga chilena hizo volar en pedazos su cuerpo.
Cuesta imaginar la soledad del héroe esa fría mañana. Cuesta imaginar su sentir. Cuál es en definitiva el sentimiento del que va como él, sereno, impasible, gigantesco ante la muerte y finalmente entrega todo por la patria.
Fueron los quince minutos más trágicos de la historia nacional, cuando ya Grau sabiéndose perdido continuó el combate. ¿Cómo habrán sonado sus órdenes heroicas en aquel momento? Su voz se habrá hecho una con el estruendo del combate y el rugir de las aguas de su mar. Porque el Pacífico Sur es el Mar de Grau. Siempre lo será, desde Tumbes hasta Tarapacá.
Fueron quince minutos eternos, como eterna es su gloria. Como eterna es la deuda del Perú con él.





martes, 7 de octubre de 2014

La Marinera, baile nacional del Perú



Como peruana bandera, 
blanco y rojo, dos pañuelos, 
dicen en airosos vuelos, 
¡Aquí está la marinera…!


Hoy se celebra el día de la Marinera. El baile nacional del Perú. Al respecto cabe mencionar que mucha gente cree que el baile nacional es la Marinera Norteña. Este error es muy difundido, sin embargo cuando hablamos de Marinera hablamos de un baile de pareja que existe en muchas partes del Perú con características propias. El origen de todas las marineras es la Marinera Limeña, que es el baile que se ejecuta ante el Canto de Jarana. Canto de contrapunto e improvisación, que pone a prueba la capacidad y conocimiento de los cantantes.
Sin embargo no siempre se llamó Marinera y al ser hoy su día dedicaremos unas líneas a recordar y precisar sus orígenes.
Durante los siglos XVII y XVIII, Lima se fue convirtiendo en el centro de irradiación cultural del continente. No sólo del Perú. Es así, que las modas, el lenguaje y los bailes adoptados en Lima eran difundidos en las otras posesiones españolas en América.
En este sentido, particularmente importante fue la evolución de la zamacueca, que ya para el siglo XVII estaba muy enraizada en Lima y que luego, fundamentalmente con la soldadesca  independentista, viajó llevando su ritmo y compás dando origen a la zamba en Argentina y la cueca en Bolivia y Chile. En el Perú, evolucionará para convertirse luego de varias mudanzas de nombre en marinera, la danza nacional. La Zamacueca mudo de nombre en Maicito, Zanguaraña,Polca de Cajón, Mozamala, y en el colmo de la generosidad, cuando ya se bailaba en Chile y regresaban de allá algunos aficionados al baile, se le llamó Chilena. Será el gran Abelardo Gamarra “El Tunante”, quien tras la ruina de la guerra del Pacífico, propone llamarle Huascarina, en homenaje al Monitor glorioso en que ofrendó su vida el peruano más grande de la historia, don Miguel Grau. El nombre Huascarina no tuvo pegada. Es así que el propio Tunante propone llamarle Marinera en homenaje a nuestra Marina de Guerra.
La marinera tuvo su origen en Lima y al difundirse por todo el país fue adoptando formas y características propias de cada región. Surgen así las marineras puneña, arequipeña, norteña, ayacuchana, etc.
La zamacueca primero y la marinera después, con su remate de resbalosa, han sido siempre la expresión mayor de la jarana. Eran y son su momento culminante, sobre todo cuando ya de madrugada y con la euforia del buen Pisco en el cuerpo, se bailaban una tras otra, entre palmas y vítores, al fondo de las casas limeñas. En la huerta, en su versión borrascosa, con el cómplice canto de los gallos, que anunciaban el amanecer, pero que también con su aviso daban coraje a los criollos para un último embate. Una arremetida de aquellas que don Ricardo Palma llamaría “la resurrección de la carne”.
Max Radiguet, un joven oficial de la marina francesa, llegó a Lima por primera vez para la Navidad de 1841. Era un agudo observador de las costumbres y la realidad y escribió una serie de artículos sobre su viaje entre 1844 y 1854 que se publicaron en diversas revistas francesas. Luego los amplió, corrigió y acopló para dar forma al libro Souvenirs de l’Amèrique Espagnole. La agudeza y buena prosa de Radiguet convierten a su texto en una de las mejores visiones de la Lima de mediados del siglo XIX.
En las primeras páginas narra su llegada al Perú por el puerto del Callao, donde luego de algunas observaciones, se topa con una jarana en la que se bailaba una resbalosa que lo impresiona:
“Jamás drama coreográfico alguno, había traducido tan enérgicamente los ardores insensatos del amor, como aquel que se ejecutaba bajo nuestros ojos.
(…) La acción tenía por intérpretes un negro y una zamba. El hombre, desnudo hasta la cintura, parecía orgulloso de su busto, donde se seguía el juego de sus músculos a través de una piel oscura y lisa, como esas piedras que la mar rueda hacia la ribera. La mujer llevaba un fustán muy adornado y coloreado de rojo y naranja; ella había dejado caer el chal de lana azul que estorbaba su pantomima, y su camisa sin mangas estaba apenas sujeta en los hombros por el lazo mal anudado de un pasador.
Habíamos llegado al desenlace de una resbalosa; tal nos pareció al menos ser el baile ejecutado. Tuvo lugar una pausa, durante la cual coristas y bailarines pidieron al licor plateado del Pisco, un aumento de energías y nuevas aspiraciones”.
En estas frenéticas jaranas, en Lima, está el origen de la Marinera.


jueves, 2 de octubre de 2014

Cultura, la gran ausente







La política cultural ha sido la gran ausente en esta campaña electoral. Sabemos de la importante e ineludible  responsabilidad de los gobiernos locales en desarrollar políticas culturales. Sabemos que toda la política y todas las medidas de gobierno debieran estar sincronizadas y entramadas en su  base con una sólida política cultural.
No existe desarrollo sostenible sin   crecimiento económico,  inclusión social y equilibrio medioambiental. A estos tres fundamentos hay que añadir como otro requisito sine qua non:  la cultura, ya que esta tiene que ver con el modo de ser y actuar de las poblaciones y no se puede hacer nada de espaldas a esta realidad.
Lamentablemente al parecer nuestros candidatos y sus equipos de plan de gobierno aún no lo comprenden, sólo así se puede comprender este lamentable vacío en sus propuestas.
El caso de Castañeda Lossio en esta materia es patético.  Encabeza las encuestas y probablemente resulte elegido y llegado ese momento vaya improvisando durante cuatro años sus “obras”.  En el tema cultural ya lo conocemos. En cuanto al patrimonio monumental sus ocho años como alcalde de Lima fueron de alto riesgo y nos puso al borde del abismo y a punto de perder la condición de patrimonio de la humanidad.
En cuanto a una política cultural simplemente carece de ella. La persona a cargo de esta área en su equipo es una ex corredora de inmuebles que lejos de trazar una política cultural que desarrolle y priorice sectores como patrimonio, creatividad, industrias culturales, arte y turismo cultural, confunde su labor con la de una mera activista y la Gerencia de Cultura marcha al ritmo de su oportunismo y estados de ánimo, amistades y enemistades. Ya la hemos sufrido. Lima está llamada por su tradición e historia a ser un referente cultural en esta parte del mundo y sin duda no merece tal ultraje.
En cuanto a Susana Villarán podemos decir que ha hecho algunos esfuerzos serios en este terreno. Y claro, luego del terrible vacío y la mediocridad del trabajo cultural de Castañeda su gestión reluce más. Los temas como su programa de Cultura Viva son destacables, sin embargo como es costumbre en la izquierda, todo termina al servicio de la ideología y lamentablemente este uso político de la cultura y termina por descalificar cualquier esfuerzo.
En los cuatro años de Susana Villarán  al frente de la Municipalidad Metropolitana de Lima hemos podido apreciar como la gerencia de cultura paso de tener cincuenta  trabajadores a tener más de trecientos. Lamentablemente este crecimiento de la planilla no se vio reflejado en un crecimiento de la labor cultural. Temas como la agenda gay y las políticas de género a veces fueron prioridades ideológicas que enturbiaron la gestión de la súper poblada gerencia.
Mención aparte merece Emilima, que ha hecho un buen trabajo en cuanto a la conservación del patrimonio monumental y urbanístico en el centro histórico.
Enrique Cornejo, el buen candidato del Apra,  ha guardado silencio y no ha revelado el más mínimo interés en el tema cultural.
Salvador Heresi tampoco ha incidido en el tema, es un político pragmático, sin embargo, a pesar que no ha mencionado el tema,  en cuanto a cultura su trabajo en San Miguel ha sido aceptable.
Fernán Altuve es un hombre brillante y debemos suponer que se ha preocupado del tema, sin embargo no lo ha expresado en la campaña, salvo en una ocasión que manifestó su interés en debatir con Heresi y entre los temas que propuso mencionó la política cultural.
Alberto Sánchez Aizcorbe es tal vez el más articulado de los candidatos, como arquitecto conoce el manejo urbanístico, tiene la interesante propuesta de los parques biblioteca, pero  no ha profundizado en su visión de política cultural durante la campaña.
Los demás candidatos que prácticamente hacen papel de extras en el proceso electoral, lamentablemente  tampoco han desarrollado propuestas culturales.